Ella está allí, en su isla, solitaria… percibiendo el esplendor de haber renacido luego del naufragio… Hoy como ayer esperando, insegura, una nueva embarcación que la lleve a su pasado, sin saber a qué regresar… ese entusiasmo de ver la vida a traves de un portfolio, mientras el presente se rie de nosotros.
Allí deposita su esperanza, la cual se ve poco beneficiada por su actitud… la invade la nostalgia de una felicidad ya oxidada, por temor a extraviarse en un nuevo ciclo…
A lo lejos, en medio de la bravura del océano, se vislumbra un barco. Varias tormentas han dañado rigurosamente su estructura por medio de fuertes oleajes y su destino es irremediable… pronto se verá ensombrecido en la profundidad del mar. Su único tripulante ha sabido dominar la nave en incontables ocasiones con sabor a hazaña. Pero aún en su juventud el tiempo deja sus huellas, y debilita… lo que se suma a la particularidad de no saber nadar… deberá correr la suerte de su navío entonces.
Maldita encrucijada!… siempre se presentan batallas absurdas, pero comprometidas… ahí está él, debatiendo la posibilidad de arrojarse al mar a probar su necesidad de sobrevivir o dejarse hundir junto a la nave…
Y la vida se transforma en un instante…
Horas vacías surcaron el corazón de la hermosa habitante de la isla… como una piedra en el camino, la soledad se debe eludir con carácter… no a cualquier precio, porque el costo puede ser la misma soledad, pero si a fuerza de voluntad… La cuestión está frente a sus ojos. Una situación decisiva con solo dos opciones para elegir. O va en rescate del tripulante asumiendo riesgos o presencia el naufragio inmutable y espera una próxima oportunidad menos comprometida de finalizar su soledad…
Dicen que la felicidad puede encontrarse hasta en lo más insignificante… A juicio de varios la “verdadera” felicidad conlleva un riesgo, es rara… es efímera… se muestra en tiempos escasos, sin planificaciones, y da la oportunidad de ser atrapada presentando un dilema… y se sabe, en los dilemas ambas soluciones son igualmente factibles… de conocerse en detalle no habría nada por resolver, pero el caso es que de una coincidencia en la solución a elegir depende la unión de ambos. Y está más que claro que de ser así los dos deberán empaparse en aguas turbulentas para sortear con firmeza la tormenta.
Y el reloj está mostrando los dientes…
